GRUPO DE ORACIÓN MARIA AUXILIADORA

Parroquia San Juan Bosco

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Estás en » Inicio »  » Padre Luis Corral Dice » BAUTISMO DEL SEÑOR - Grupo de Oración María Auxiliadora

Lo que sucedió a Jesús cuando fue bautizado por Juan, nos ayuda a entender nuestro propio bautismo. Dice el bautista en el Evangelio de Marcos: “Yo los he bautizado con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo. VBautismoino Jesús y fue bautizado. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: ‘tú eres mi Hijo amado”.

El sacramento del Bautismo ya está profetizado por Ezequiel en el Antiguo Testamento (Ez 36,25-27): Los rociaré con agua pura que los purificará, de todas sus inmundicias los he de purificar, y les daré un corazón nuevo… Les infundiré mi Espíritu y haré que se conduzcan según mis preceptos”.

Encontramos la institución del Bautismo en Mt 28,16: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

También podemos leer Jn 3, 6ss: “El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios… El que no nazca del agua y el Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Porque lo nacido de la carne es carne; lo nacido del Espíritu es espíritu”. Es fácil notar el paralelismo con la profecía de Ezequiel que habla también de agua y Espíritu para tener un corazón nuevo.

Para comprender los efectos del Bautismo comenzaremos leyendo Rm 3,23: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia en virtud de la redención realizada en Cristo”. En dos renglones Pablo nos resume toda la Historia de la Salvación: Pecado y Redención.

Alguno preguntará cómo debemos entender eso de que todos pecaron. San Pablo se lo explica a los Romanos (5, 12 y 19): “Por la desobediencia de un solo hombre (Adán) entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así a todos los hombres pasó. Así por la obediencia de un solo hombre, Cristo, todos serán constituidos justos”. Notemos la importancia que en esta historia tienen los términos obediencia y desobediencia.

“¿Qué tenemos que hacer entonces? -preguntaron los judíos a Pedro con el corazón arrepentido-. Pedro les contestó: Conviértanse y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de sus pecados y recibirán el don del Espíritu Santo (Hch 2, 37-38). De nuevo aparece la relación entre el bautismo y el Espíritu Santo, como en el caso de Jesús.

Notemos, pues la gran novedad y la gran transformación que, según San Pablo, causa el Bautismo en nuestras vidas: “Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte… a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva”

San Juan nos habló de ‘nuevo nacimiento’ y San Pablo nos habla de ‘vida nueva’. Y luego continúa: “Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él por una resurrección semejante a la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado” (Rm 6,3-7).

Para terminar, examinemos nuestra conciencia para ver si se puede aplicar a nuestra vida lo que San Pablo le escribe a Tito (3,3-7): “Pues también nosotros fuimos en algún tiempo insensatos, desobedientes, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador”.

P. Luis Corral