GRUPO DE ORACIÓN MARIA AUXILIADORA

Parroquia San Juan Bosco

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Estás en » Inicio »  » Padre Luis Corral Dice » Homilía de Navidad 2017 - Grupo de Oración María Auxiliadora

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“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Una luz resplandeció sobe los que vivían en tierra de sombras”. Así describa Isaías 9,1 la intervención salvadora del Mesías ¿No les parece muy adecuado ese versículo para la fiesta de Navidad? Describe correctamente la realidad social y mundial de hoy.
Oscuridad y tinieblas se refiere a las guerras, la violencia y las injusticias; a las divisiones sociales y familiares; a la explotación y a la muerte; a los abortos y la eutanasia; a la soledad y a la desesperación.
Luz significa encontrarle un sentido a la vida y a la muerte. La luz nos permite ver que Dios no ha creado el mal ni lo quiere, sino que el mal tiene su origen en el abuso de nuestra libertad, el egoísmo, la ambición, la arrogancia y la prepotencia. Ese es el verdadero motivo por el que muchos inocentes pagan por los culpables.
La luz nos hace saber que habíamos sido creados en un paraíso, pero que nosotros lo hemos convertido en este valle de lágrimas. “La luz brilló en las tinieblas y las tinieblas la rechazaron. Pero a quienes la recibieron les concedió llegar a ser hijos de Dios”. Dios se compadece de su criatura, como una madre se compadece de su hijo descarriado. Él asume las consecuencias de nuestros desvaríos y paga nuestro rescate. Porque nos ama ciegamente, locamente: como ama el enamorado. Él nos rehabilita, nos perdona misericordiosamente, y viene a consolarnos, nos hace sus familiares, sus hijos. Y comparte con nosotros su misma vida. Nos enseña un nuevo modo de vivir y hace posible que nazcamos de nuevo. Nos devuelve la alegría y la esperanza de la vida eterna. Hace posible la fraternidad y la solidaridad; la unidad familiar y la bondad. “Una luz resplandeció sobe los que vivían en tierra de sombras”.
¿Y cómo lo logra? De la manera más inesperada. “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos hadado”, para extender una paz sin límites y un reino de justicia.
De hecho, una virgen concibe milagrosamente un niño, y lo da a luz mientras está de viaje, lejos de su casa. Y tiene que recostarlo en un pesebre, en despoblado, porque no hubo lugar para ellos en la posada. Unos pastores, que dormían al raso para cuidar sus rebaños, son los únicos testigos de este hecho portentoso. Supieron que era portentoso, porque los ángeles explicaron lo que pasaba: “Les traigo una buena noticia que causará gran alegría a todo el pueblo. Hoy les ha nacido un salvador. Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres a quienes Dios ama”.
¿Qué un niño nos va a salvar? ¿Un niño pobre, débil e indefenso nos va a salvar? ¿Sin ejército ni armas, sin dinero ni tecnología, sin la ayuda de la ciencia y de la política?
Así es. Queridos hermanos y hermanas, comprendamos el mensaje de la Navidad. Comprendamos cómo es nuestro Dios. Estamos aprendiendo algo sobre lo que significa amor. Porque, adicionalmente, nos dice la segunda lectura: “Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien”.
Pesebre y cruz: estas son las armas del Mesías. Es así como Dios muestra su poder: con la humildad, el amor que da la vida por aquellos a quienes ama. Si es el método de Dios, es el único método eficaz. Por eso sigue diciendo San Pablo: “Nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad, a los deseos mundanos para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria y fiel a Dios”.
Dejemos, pues, afuera la arrogancia, rencores, prepotencia, violencia, lujuria, envidias, nuestros ídolos (moda, lujos). Llenémonos de fe y de confianza en Dios desde la sencillez. Dejémonos transformar por el espíritu de la Navidad: la humildad del pesebre y el sacrificio de la cruz.