GRUPO DE ORACIÓN MARIA AUXILIADORA

Parroquia San Juan Bosco

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Estás en » Inicio »  » Padre Luis Corral Dice » SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO – CICLO ‘B’ - Grupo de Oración María Auxiliadora

Dos temas principales aparecen en la Palabra de este domingo: la vocación y la pureza. Están ambos íntimamente relacionados entre sí.

1- La vocación de Samuel. Dios llama a Samuel por su nombre. Pero Samuel, al principio, no reconoce la llamada d73c704917a945295201da2047cc39e44el Señor. Acude, en cambio, a Elí y le dice: ‘Aquí estoy porque me has llamado’. ‘Yo no te he llamado -contesta Elí- vuelve a dormir’.
La llamada de Dios se repite por segunda vez y por segunda vez es malinterpretada por Samuel. Con una tercera llamada vuelve a suceder lo mismo. Finalmente, con la ayuda y el consejo del sacerdote Elí, Samuel comprende que la llamada viene de Señor. Por eso, a la cuarta llamada, con gran fe y completa disponibilidad, Samuel da la respuesta correcta: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’.
¿Se dan cuenta de que hubo necesidad de un proceso de discernimiento para interpretar adecuadamente la vocación? Se necesitó tiempo, dudas, inseguridad, oración y guía espiritual de un sacerdote experimentado. Así suele suceder.
En el evangelio, el acompañamiento vocacional proviene de Juan Bautista que indica a sus discípulos: ‘Ese es el cordero de Dios’. Pero no solo eso. Andrés pasa el mensaje a su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’. Así pues, en el proceso vocacional de Pedro intervino también su propio hermano Andrés.
2.- Pureza. En la segunda lectura Pablo es muy directo con los corintios: ‘El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor. Sus cuerpos son miembros de Cristo; y el que se une al Señor se hace un 5002c60122db567649d07b659edb82b0solo espíritu con Él. Nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, de modo que ya no nos pertenecemos, sino que hemos sido comprados. ¡Y a qué precio! Así pues, glorifiquen a Dios en sus cuerpos’.
La Sagrada Escritura exalta el cuerpo humano. Pero no en la forma como lo hace el fisicoculturismo o los concursos de belleza. Sino porque somos parte de ese cuerpo de Cristo que es también el mismo que comulgamos en la Eucaristía. El cuerpo humano que pertenece a ese Dios que nos ha comprado con su sangre. Por lo tanto, le pertenecemos. Y, si somos casados, nuestro cuerpo pertenece también al cónyuge al que nos hemos entregado completamente por amor el día de nuestra boda. No nos pertenecemos. El cuerpo no es para la fornicación. Queda claro.

P. Luis Corral